Gafas de sol Oakley

El Voley playa y las gafas de sol

Jugar al voley playa y llevar gafas de sol es casi obligatorio, teniendo en cuenta que se trata de un deporte en el que la exposición al sol es permanente. No ocurre como en el voleibol tradicional -o balonvolea, una de sus diversas denominaciones-, la disciplina madre, por así decirlo; un deporte que se juega en recintos techados, aunque no siempre (en países como Afganistán, donde tiene un creciente seguimiento, la cancha de Kabul está compuesta de tierra y localizada al aire libre). Una de las diferencias, acaso la principal, entre el voleibol ‘indoor’ y el voley playa es el número de jugadores que forman sus equipos: seis en el primer caso, dos en el segundo. La arena conforma la pista del voley playa, un escenario natural para una disciplina que requiere un equipamiento especial. Sus jugadores han de protegerse la piel adecuadamente -incluso los pies-, debido a la exposición solar.

Las gafas de sol polarizadas -tanto en este como en otros deportes ‘outdoor’- constituyen la mejor opción hoy en día para disfrutar de un partido de voley playa con los amigos, de forma amateur. O para competir directamente en torneos profesionales. No puedes olvidar tus gafas de sol ni tu gorra (o visera, en su defecto). En el caso del calzado, este es opcional, si bien existen unos calcetines atléticos de algodón destinados a combatir las altas temperaturas que alcanza la arena en pleno verano. Calcetines que se pueden encontrar en otros materiales (lycra, caucho e incluso neopreno).

El calor, la exposición al sol y sus consecuencias hace que quienes practican este divertido deporte se vean obligados a tomar precauciones. En este sentido, los jugadores de voley playa han de tomar medidas preventivas para evitar los rayos ultravioleta, los que entrañan mayor peligro para nuestra salud visual. Sucede, en ocasiones, que la arena puede caer en los ojos, con el consecuente malestar; en este caso, habrá que recurrir -o tener siempre a mano, más bien- gotas oftalmológicas a modo de “lágrimas naturales”.

Un deporte de playa

Quienes conocen bien este juego aseguran que la inversión en protección para la piel, así como en unas buenas gafas de sol, es un dinero muy bien gastado. Un buen par de gafas de sol te permiten reaccionar rápidamente en una disciplina donde los reflejos constituyen una virtud en el equipo. Evitar reflejos lumínicos y a su vez obtener un ángulo de visión lo más amplio posible para controlar el balón en todo momento ayuda durante el juego. Oakley, Arnette y la línea Roberto, de Roberto Martín, ofrecen un amplio catálogo de gafas de sol deportivas. Deportes relativamente modernos como el voley playa conectan a la perfección con el espíritu de marcas como Oakley, por ejemplo.

Fue en Holyoke (Massachusetts) -en 1895- cuando a William G. Morgan se le ocurrió mezclar elementos del baloncesto, béisbol, tenis y balonmano, sentando las bases de lo que sería conocido como voleibol (el nombre original del juego, ‘mintonette’, hacía referencia al bádminton, puesto que aquí también había una bola que volaba de un lado a otro de la red). No se sabe con exactitud en qué momento se empezó a jugar el voleibol en una playa. Puede ser que fuera en Uruguay, y habría que remontarse nada menos que a 1914. O en Hawai, también a principios del siglo XX. Lo que sí se conoce fue su despegue y popularización, a partir de los años setenta, en California (Estados Unidos). Las competiciones en las arenas de Santa Mónica lo hicieron famoso. Actualmente, el voley playa está considerado un deporte bastante cool.